Artículo · Régimen de comunicación
No fue solo un cambio de nombre.
Un cambio de fondo
Antes de la reforma del Código Civil y Comercial, la ley hablaba de régimen de visitas: un esquema pensado desde la idea de que un progenitor "tenía" al hijo y el otro simplemente pasaba tiempo con él en horarios pautados. El lenguaje reflejaba una lógica de propiedad sobre el tiempo con los chicos, no de vínculo.
Hoy la ley habla de régimen de comunicación, y el cambio de palabra no es cosmético: implica pensar el tiempo entre padres e hijos como parte de un vínculo que hay que sostener, no como un derecho de acceso que se ejerce en franjas horarias fijas.
Qué implica en la práctica
En términos concretos, esto se traduce en acuerdos más flexibles que los esquemas rígidos de antes, pensados en función de las rutinas reales de los chicos y no solo de la conveniencia de los adultos. También habilita revisar el esquema con más naturalidad cuando las circunstancias cambian, sin que eso se viva como una batalla nueva.
Por qué importa la terminología
Es habitual escuchar todavía esos términos —tenencia, custodia— incluso en conversaciones cotidianas o en acuerdos mal redactados. El Código Civil y Comercial los reemplazó por régimen de comunicación y cuidado personal, y esa terminología no es un formalismo: refleja cómo se interpreta hoy el rol de cada progenitor y cómo se resuelven los conflictos cuando aparecen.
El régimen de comunicación no busca definir quién gana un reparto de horas. Busca sostener un vínculo que va a seguir existiendo mucho después de que el conflicto original se haya resuelto.
Errores frecuentes
Muchos acuerdos que se firman todavía están redactados con la lógica vieja, aunque usen el nombre nuevo: horarios rígidos pensados para minimizar el contacto en vez de organizarlo, cláusulas que no contemplan que la rutina de los chicos cambia con la edad, o esquemas copiados de otro caso sin adaptar a la familia real que los va a usar.
Un buen acuerdo de régimen de comunicación se escribe pensando en cómo va a funcionar dentro de dos o tres años, no solo en el momento en que se firma.
Qué mirar antes de firmar
Antes de firmar cualquier esquema, conviene preguntarse cómo se va a manejar un cambio de colegio, una mudanza, o el crecimiento de los chicos hacia edades donde sus propias preferencias empiezan a pesar. Un acuerdo que no previó nada de esto suele terminar reabriéndose antes de lo esperado, y no siempre en buenos términos.
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